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miércoles, 28 de noviembre de 2007

El último 'Diario Pop'

FERNANDO MARTÍN - Madrid - 29/11/2007
La castiza Sala El Sol reunió en la noche del martes a tres generaciones de músicos para dar un merecido homenaje a quien mejor ha simbolizado la defensa a través de las ondas del pop hecho en España: el locutor y periodista radiofónico Jesús Ordovás.
La oferta musical de la noche era variada y atractiva: junto a una banda base capitaneada por el incombustible y voluntarioso Patacho, ex Glutamato Yeyé, fueron desfilando más de 25 artistas de los ochenta, noventa y lo que va desde 2000, en un acto de hermanamiento insólito en un país en el que los artistas de una década suelen tirar con bala contra los de la década anterior. Siempre colegas y al menos amigos por una noche, sobre las honorables tablas de El Sol se escucharon las voces e instrumentos de una larga lista de artistas: el ex Golpes Bajos Germán Coppini, su colega en Siniestro Total Miguel Costas, el incandescente Jorge Ilegal, el desbigotado Iñaki Fernández de Glutamato Yeyé, Luis Malone, Josele Santiago, el dúo Clovis, José María Granados, Floren y J de Los Planetas, Johnny Cifuentes de Burning, Joaquín (ex Nikis), y Mauro, ambos de Los Acusicas, Víctor Coyote, Javier Colis, Isa (la legendaria cantante de los Terribles), Servando y Marta del Aviador Dro, Carmen Madirolas y Antonio de Los Bólidos, y Digital 21, quienes dieron la sorpresa al hacer aparecer en escena -tras 20 años de silencio- a Ana Curra (teclista de grupos míticos de los ochenta como Los Pegamoides, Seres Vacíos y Parálisis Permanente), Fernando Alfaro de los Surfin Bichos y Chucho, la China Patino y Vanexxa, Sabino Méndez, Jaime Urrutia, Xoel López de Deluxe y Amaral, entre otros.
A las diez de la noche, el propio Ordovás, evidentemente emocionado, daba el pistoletazo de salida al fiestón, que transmitía en directo Radio 3, la emisora a la que este gallego afincado en Madrid ha prestado sus servicios los últimos 28 años.
Tras los agradecimientos y un recuerdo para la larga lista de los fallecidos del mundillo musical español, el periodista -que el mismo martes cumplía 60 años y que mantiene la esencia de su programa en www.jesusordovas.com- aprovechó para presentar el disco benéfico y DVD Canciones para olvidar, editado por la Sala El Sol. Los ingresos de las ventas del disco, que recoge parte de las actuaciones del homenaje a la movida que se celebró en enero de este año en El Sol, irán a la Asociación Nacional de Alzheimer (AFAL).
En una pantalla de vídeo situada tras los instrumentos se iban sucediendo los mensajes cariñosos de colegas y amigos para acompañar al afamado locutor en su último viaje profesional al corazón del pop.
La rápida sucesión de actuaciones y las conexiones con la Razzmatazz se completaban con la animada charla de multitud de personajes del ámbito musical, que llevaban una eternidad sin verse. Tanto encuentro dio a la velada un carácter de celebración casi familiar, que hubiera hecho las delicias cinematográficas de Almodóvar.
No se volvió a ver a Ordovás hasta el final de la fiesta, cuando, tras la interpretación del clásico de Carlos Berlanga para Dinarama Perlas ensangrentadas, a cargo del ex Enemigo Josele, Xoel López y Amaral, retornó a escena para volver a dar las gracias. Para ese momento, más de la una de la madrugada, la camaradería frisaba en francachela desvergonzada. Los más osados estiraron la celebración hasta las cinco de la madrugada. Como en los viejos tiempos, los tiempos del Diario Pop.
EL PAIS, jueves 29 de noviembre de 2007
Imagen: EFE/EL PAIS

martes, 27 de noviembre de 2007

RNE homenajea al veterano espacio de Radio 3 'Diario pop'

EL PERIÓDICO
BARCELONA
Tras 25 años ininterrumpidos en las ondas, el pasado 1 de agosto decía adiós Diario pop, todo un icono musical de RNE-Radio 3, dirigido por el crítico Jesús Ordovás, y por el que pasó la flor y nata artística de los años 80 y 90. Para rendir homenaje al programa, el mundo de la música celebra hoy una fiesta en Madrid, que transmite Radio 3 (22.00 horas).La cita, que cuenta con Julio Ruiz y Juan de Pablos como maestros de ceremonia, reúne a más de 40 músicos en la sala El Sol. Entre estos destacan nombres populares y duetos insólitos, como Alaska Dj, Isa Terrible y Dani Cardona, Kikí d'Akí y Sergio López, Germán Coppini, Carmen Madirolas y Antonio Bólido, Nacho Seine, Víctor Coyote, Eva Amaral y Juan Aguirre, Jota y Floren (de Los Planetas), Jaime Urrutia, y Loquillo y Sabino Méndez.Durante su larga trayectoria, Diario pop fue el trampolín de cientos de bandas españolas que visitaban el estudio de Radio Nacional con una maqueta bajo el brazo. En el espacio de Ordovás (que en el 2006 dirigió en La 2 Ipop) había un hueco para todo tipo de grupos y estilos musicales, que en ocasiones veían cómo sus canciones se convertían en éxitos.Además, era también costumbre obsequiar al presentador con una melodía dedicada al programa, que era utilizada como sintonía y solo se podía escuchar allí. Aprovechando esa circunstancia, el sello Gasoil Records ha editado una pequeña antología con algunas de las síntonías más representativas. El álbum recoge composiciones inéditas de Esclarecidos, Aviador Dro, Derribos Arias, Undershakers, Pull, Digital 21, Glitter Klinik y Sarassas Music, entre otros, y clásicos de Los Planetas, Loquillo, Cooper, Siniestro Total y Niños Mutantes.Por otro lado, un libreto incluye la opinión de personalidades de la música sobre el espacio y su director, así como imágenes de la colección personal de Ordovás.


EL PERIÓDICO, 27/11/2007

lunes, 26 de noviembre de 2007

Los Secretos cumplen 30 años 'con el mismo espíritu y vocación' de sus comienzos

EUROPA PRESS
MADRID.- Los Secretos han recibido en la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) un Disco de Diamante por las ventas de más de 1.500.000 de discos a lo largo de sus 30 años de carrera musical, tres décadas que afrontan ahora "con el mismo espíritu y vocación" de sus comienzos. Así lo confesaron los tres componentes actuales del grupo: Álvaro Urquijo, Ramón Arroyo y Jesús Redondo, quienes celebran esta fecha redonda con un álbum recopilatorio.
'Los Secretos. 30 Años' es el título de este trabajo del mítico grupo que reúne dos CD y dos DVD con todos sus videoclip y en el que, junto a los temas emblemáticos, aparecen también otros casi inéditos o especiales que Los Secretos querían evitar que se perdieran, como canciones homenaje o interpretadas en actos solidarios.
"Agradecimiento a todos y especialmente al público" es lo que Álvaro Urquijo manifestó en este encuentro en el que la banda interpretó también algunas de sus canciones más conocidas. El músico recordó especialmente la figura de su desaparecido hermano Enrique, alma del grupo, fallecido en 1999. "Cuando él se fue quedamos los que había y funcionó. No se trataba de sustituir a nadie ni de emular valías. De todas formas, él sigue con nosotros", dijo asegurando que lo peor han sido las desgracias personales y lo mejor el público y cada momento compartido con él.
Urquijo reconoció que la parte melancólica y la añoranza del soul, los blues, las rancheras o los boleros forman parte constante de sus canciones. "La sensación de tristeza profunda que todos hemos sentido en alguna ocasión es buena y sana, aunque nosotros somos gente muy alegre y animada", aclaró.
Álvaro Urquijo aseguró también que de aquellos cuatro jóvenes que empezaron hace 30 años les queda "todo". "Es un privilegio poder llegar a la gente y no hay recetas mágicas. Todo es consecuencia de suertes y desgracias. Nosotros nos hemos reiniciado muchas veces a lo largo de estos años, hemos ido renaciendo. Desde hace 8 años somos otros grupo", afirmó.
En este sentido, el cantante y guitarra del grupo añadió que la historia de Los Secretos "es una historia de superación por amor a la música, ella es nuestra vocación y nuestra forma de entender la vida", dijo.
A pesar del tiempo transcurrido, Álvaro Urquijo confesó que todo lo que han hecho le parece "muy cercano". "La música en general ha servido mucho para unir, especialmente en la Transición. Ahora este sentimiento se ha enfriado bastante con el mercantilismo", declaró.
Está previsto que la mítica banda ofrezca tres conciertos (13, 14 y 15 de diciembre) en la Sala Joy Eslava de Madrid, ciudad en la que no actuaban desde hace más de un año y a la vienen poco. "Es un sitio que no nos gusta quemar. Mi hermano fue quien decidió hacerlo así y nos va bien. De todas formas no hay muchos lugares en la capital donde poder tocar", añadió.
EL MUNDO, MARTES 27 DE NOVIEMBRE DE 2007
Imagen: El Mundo

domingo, 28 de octubre de 2007

Nacha Pop resucita el alma de la 'Movida' una década después

EFE
MADRID.- Era una cita obligada cerrar este reencuentro en la ciudad que les encumbró y en la que, casi 20 años después, Nacha Pop ha vuelto a recibir todo el cariño de aquellos que vibraron con ellos en la 'movida madrileña', en un Palacio de los Deportes esta noche abarrotado para cerrar su gira de regreso.
Insistía Nacho García Vega -el 50% de Nacha Pop- en que no era noche para el recuerdo, pero en ''el regreso a casa' casi dos décadas después, y con un sonido que no había perdido un ápice de la magia que les hizo grandes, era inevitable caer en la nostalgia. Los primeros acordes ya llevaron a muchos hasta otros tiempos con la inconfundible voz de Antonio Vega -la otra mitad- cantando 'Antes de que salga el sol'.
Pero a diferencia de lo que ha ocurrido en el resto del tour 'Nacha Pop 80/07' con el que han recorrido España desde junio Nacho y Antonio no se han encontrado tantas caras nuevas, sino la madurez de aquellos que ya disfrutaron con su música en los ochenta.
Precisamente para ellos parecía ideado este repertorio en el que no abundaron sus éxitos más populares, sino las pequeñas joyas que se corearon sin lagunas como 'Vístete' o 'Relojes en la oscuridad', con las que continuaron el concierto.
"No es momento para el recuerdo", repetía Nacho, porque el grupo se ha marcado esta nueva etapa como una continuación con mucha energía que se reflejaba en temas como 'Visiones', 'No se acaban las calles', 'No necesitas más'.
Las palmas y los saltos de todo el pabellón acompañaban cada una de ellas hasta culminar en 'Nuevo plan', una canción que quisieron interpretar como reflejo de sus nuevas intenciones y para conseguir "que no cambie el sabor de boca" con el que aparcaron sus guitarras.
Divergencia de estilos, riqueza del conjunto
Los temas más movidos predominaron durante toda la noche, pero el grupo madrileño ha acentuado con los años los polos opuestos: la fuerza y el romanticismo, el continuo movimiento de Nacho García Vega y el sosiego y la quietud de Antonio sobre el escenario. Una tranquilidad que se reflejó en 'Lucha de gigantes' con Antonio Vega arropado por las voces de todos sus seguidores, pero que pronto se rompió de nuevo con 'No me olvido'.
Tan solo un parón en el ritmo para incorporar un vídeo en el que dos dibujos animados caricaturizaban a la pareja de músicos madrileños entre bromas. Pasado el ecuador del concierto sonaban en el Palacio de los Deportes 'Grité una noche', 'Esperando nada' y 'Asustado estoy', otro de los títulos que más aplaudieron sus incondicionales.
Hace unos días, el grupo hacía balance positivo de esta vuelta a la carretera y anunciaba que la cita de Madrid formaría parte de un DVD que recopilará la gira junto con anécdotas, composiciones inéditas y todos sus clásicos. Por eso, a estas alturas algunos de sus fans echaban de menos los títulos más extendidos del grupo insignia de 'la movida', como 'Una décima de segundo', que anunciaba el final.
Éste fue el momento en el que, como antaño y aprovechando uno de los momentos más íntimos, aparecieron los mecheros entre las gradas para acompañar a Antonio Vega.
Los Nacha Pop quisieron despedirse con 'Persiguiendo sombras', pero sus seguidores no perdonaron la ausencia del himno por excelencia de la banda y de nuevo aparecieron en un vídeo 'sus caricaturas' para recordárselo.
Tan solo unos acordes fueron necesarios para que el pabellón explotara al reconocer 'La chica de ayer' que, aunque sonó algo distinta desde el escenario, se impregnó del clásico sonido de siempre a pie de pista. Tras 'Nadie puede parar' un nuevo intento fallido del fin por parte de la banda que regresó con 'Alta tensión' y puso punto y final con 'Sol del caribe'.

EL MUNDO, Domingo 29 de octubre de 2007
Fotografía: El Mundo

viernes, 26 de octubre de 2007

"Sonamos mejor que en los ochenta"

Goyo García Maestro
Fin de trayecto. Nacho García Vega y Antonio Vega ponen hoy el broche de oro a la gira de Nacha Pop con un concierto en Madrid. Antes de que acabe el año llegará a las tiendas un disco en directo grabado con lo que salga esta noche del Palacio de los Deportes. Y el que viene parece que habrá un disco de estudio con temas nuevos firmado por el grupo. Lo dicen casi en voz baja «porque todo depende de lo que seamos capaces de hacer, de momento, tenemos el espíritu y las directrices. Ya veremos».
Cuatro meses de gira han dado para «momentos sublimes» y «sensaciones fuertes», confiesan ambos casi al unísono. En realidad, han vivido dos reencuentros; primero, con su repertorio de casi cien canciones y, después, con el público, el de entonces y el ejército de quinceañeros que ha ido descubriendo al grupo en los últimos años: «Hemos vivido experiencias a nivel humano, artístico y profesional. Volver a tocar aquellas canciones nos ha hecho sonreír porque nos hemos dado cuenta de que muchos recursos estilísticos todavía funcionan», comenta Antonio Vega. Él fue el más carismático de la banda a su pesar, y el más mediático, aunque también el más sufridor en lo personal. Ahora dice estar en forma. Ha recobrado la ilusión de tocar en grandes recintos.

Un trío mutilado

Sobre el escenario, 25 canciones, algunas «bastante retocadas», y un puñado de músicos en el que falta Carlos Brooking, el otro miembro de la banda. «Cuando empezamos éramos cuatro. Se fue Ñete y quedamos tres. En formato de trío cocinamos nuestros mejores temas. Carlos no ha podido estar en la gira, pero nos dio su apoyo cien por cien. Es el que mejor gusto tenía de los tres, el más técnico», explica Nacho.
La oleada de reencuentros de viejos grupos anticipaba que era una cuestión de tiempo el regreso de Nacha Pop. «Dejamos la puerta abierta, y cuando nos fuimos advertimos que algún día volveríamos. Lo curioso es que nos ha recibido la gente que nos despidió». Una de las sensaciones que se ha apoderado en muchos momentos de la gira «es que somos un grupo más poderoso que en los ochenta, grandes en todos los sentidos, sonamos mejor».
Si hay un valor que destacan los seguidores de Nacha Pop es la estrecha conexión afectiva que establecen con sus canciones: «Esa relación tan intensa que muestra el público a veces nos asusta. Hay muchos que nos dicen que salvamos su vida, que salieron de malos momentos gracias a una canción determinada. Es demasiada responsabilidad para un grupo de música pop».
En sus comienzos, Nacha Pop no renegó de la técnica musical. Lo que sí compartían con colegas de aquella época era la pasión por tocar y componer y la escasa visión comercial de sus planteamientos: «Siempre nos vimos como músicos. La música era para nosotros algo muy serio. Despotricábamos contra los que reivindicaban el mal hacer o contra los que decían que ya estaba todo inventado».
Pagaron la novatada, como sigue pasando hoy con muchos grupos, y su discográfica les asfixió todo lo que pudo y algo más: «Nacha Pop tenía un carácter fuerte, nos construimos una coraza a pesar de nuestra fama de blandos para que nos respetaran. Nos enfrentamos a estamentos que ningún otro grupo osó hacer», cuenta Nacho.

Magia y una enfermedad incurable

- «No hay una discográfica detrás del regreso. Es una decisión y una empresa nuestra. Nuestro sueño ha sido sonar como una banda de rock».

- En el concierto suenan canciones de la etapa en solitario de Antonio Vega y de Nacho además de los temas más conocidos. Aunque al público no le gusta oír el material nuevo, ellos siguen tocando desde el principio de la gira al menos una canción inédita reciente.

- Nacho García Vega: «Me gusta de Antonio cómo maneja las palabras y el tiempo con los acordes, eso lo hace mejor que nadie. Es un músico mágico, muy especial, una enfermedad incurable para mucha gente»

- Antonio Vega, sobre su primo: «Es un nadador de fondo curado de espanto. Tiene una capacidad enorme para reflejar cosas ocultas. Teatraliza todo hasta hacerlo real. Es el súmmun de la espontaneidad».

- Nacha Pop se separó hace 19 años. Entre aquella etapa y la actual han madurado. No queda otra. Así que ahora, reconocen, «administramos mejor la sensación de vértigo que sentíamos cuando nos subíamos a un escenario y experimentábamos ese toma y daca con el público. Ahora controlamos más la situación, es una manera de alargar ese momento inolvidable. Eso no ocurrió con el concierto de Jácara del 88», dice Antonio.


LA RAZÓN, Viernes 26 de octubre de 2007
Fotografía: El Mundo

jueves, 25 de octubre de 2007

Viva Nacha Pop

Dos décadas han esperado los fans el regreso de Antonio y Nacho. Su llama se ha mantenido en un bar de Malasaña, barrio de Madrid al que ellos volvieron para este reportaje
22.10.07 - ISABEL IBÁÑEZ
Los amantes de la noche que rastrean las ciudades en busca de garitos con identidad donde apurar la madrugada saben que Malasaña es la referencia en Madrid. Al menos para aquéllos que quedaron hechizados por una época, por una forma de entender la vida. Los ochenta marcaron a todos, adoradores y detractores de la desgastada Movida, viejos calaveras, jóvenes que escuchaban envidiosos a sus padres contar la madre de todas las batallas mientras pinchaban sus discos. Cada esquina de este barrio con epicentro en la plaza Dos de Mayo rezuma historia, de ésa que gestó la edad de oro del pop español.
En uno de los portales de este sombrío, decadente y hermoso barrio murió el 18 de noviembre de 1999 por una sobredosis Enrique Urquijo, de Los Secretos. Cerca de allí, los fans de Sabina se apretujan en el Peor para el Sol a la espera de que cualquier noche se abra la puerta y aparezca Él. Más allá, en la calle Velarde, La Vía Láctea, templo de la Movida. Cuántos recuerdos.
Y luego está El Penta. Viernes y sábados los noctámbulos hacen cola a su puerta. Saben que dentro suena música española de la buena, de la que se puede cantar y bailar en comunión: Divina de Radio Futura, los Zombies con aquello de «Y yo te buscaré en Groenlandia...»... y, cómo no, Nacha Pop. De sus paredes cuelgan fotos de la banda y a eso de las cuatro la fiesta promete acabar con una bonita canción: Chica de ayer, la que escribió Antonio Vega con 17 años en la playa de la Malvarrosa, durante su mili en Valencia, sin imaginar que se convertiría en un himno, sin saber que el bar que en ella menciona es, aún hoy, treinta años después, lugar de peregrinaje: «Luego por la noche al Penta a escuchar canciones que consiguen que te pueda amar...».
Hacía mucho tiempo que Antonio no aparecía por Malasaña, el barrio al que él y su primo Nacho García Vega estuvieron tan unidos. El martes dieron una rueda de prensa para hacer balance de su actual gira,que les ha llevado juntos por toda España otra vez bajo el nombre de Nacha Pop -surgió de una broma, cuando entre ellos se llamaban la Nacha, la Antonia...-, la banda que ellos mismos rompieron hace 19 años en pleno éxito aún no se sabe bien por qué.
Pero hoy, más de 200.000 personas les han visto ya, entre ellas miles de murcianos y ilicitanos. Están a punto de terminar, sólo quedan dos destinos: Bilbao y su ciudad, Madrid. Empezaron en junio en Gredos, con muchos miedos, mucho frío y los cuatro dedos de la mano izquierda de Nacho pillados por la puerta de la furgoneta. Menos mal que tenía una goma de seguridad. Ésa es una de las anécdotas que recogerán en un DVD sobre la gira. También preparan un CD grabado en directo en varias ciudades.
Después de atender a los periodistas en el edificio gaudiniano de la SGAE, aceptan la proposición de los autores de este reportaje, la de internarse en Malasaña para responder a la entrevista y sacar las fotos.

Antonio: «Hace muchos años que no pisaba esta zona», dice en el bar Pepe Botella mientras unos veinteañeros se avisan con el codo al reconocerles.

Nacho: Yo he vuelto a algún concierto, pero nada como antes, cuando no salíamos de aquí. Nos movíamos como bolas en la mesa de billar que es este barrio.

Antonio: Volver me ha traído algún recuerdo entrañable de hace muchos años. Y algún otro no tan entrañable. Ya no venimos por aquí porque la vida nos ha llevado por otro lado. Bueno, yo ahora mismo ni me acuerdo del Penta, sólo cuando canto Chica de ayer. Es acojonante lo que ha pasado con ese bar, es algo que se nos ha ido de las manos, pero forma parte ya de la historia de la música y de la cultura contemporánea.
Fueron Nacha Pop desde 1978 al 1988 y fueron grandes. Luego cada uno siguió su camino en el mundo de la música, Nacho con su grupo Rico y después en solitario, al igual que Antonio, ese genial poeta con varios discos a sus espaldas y aquel que le hicieron de homenaje, titulado Ese chico triste y solitario, una coletilla que le persigue desde entonces y que no le gusta nada. Porque él dice que en realidad no es así, a pesar de que el poco tiempo que le deja la composición y el estudio se lo pase con sus trenes: «Me gusta trabajar con las manos, tengo un taller guapo y llevo un año con una maqueta de tren muy grande, de seis metros por tres, con un esquema de cuatro circuitos combinados, todo digitalizado, está muy bien. Y tengo un telescopio; si no hubiese sido músico sería astrofísico». Pero en la entrevista, sorpresa, se revela como un tipo con humor, el mismo que despliega con su primo, un dúo cómico.Preguntados por cómo llevan la gira físicamente:

Nacho: En cada concierto estoy perdiendo un kilo, que luego recupero bebiendo.

Antonio: Y el que pierde él lo gano yo, ¿no ves?

Sobre si se han tirado los trastos a la cabeza:

Nacho: Algún grito que otro ha habido. Bueno, gritos no, porque no es lo que utilizamos entre nosotros...

Antonio: Hostias, ha habido hostias, ja ja ja... Bueno, son cosas naturales y ocurren cuando se trata de poner a punto una historia tan intensa como esta.

Acerca de qué cosas no aguantan el uno del otro:

Antonio: Yo es que no le aguanto, no le aguanto, ja, ja, ja...

Nacho: Ja, ja. Nos conocemos mejor, nos respetamos y sabemos cómo hacernos reír.

Antonio: Nacho y yo nos conocemos de toda la vida y por compartir la misma sangre y venir de la misma familia la relación es algo especial, no es lo habitual en un esquema de convivencia de grupo, es algo más.

El yin y el yang

Sólo hay que ver con qué cariño trata Nacho a su primo, cómo le abraza y busca su sonrisa, la forma en la que ambos se ensamblan como las piezas del yin y el yang; el uno con su vitalidad exultante, con esa risa que él sabe vale por dos, y el otro, con esa aparente fragilidad que despierta ternura. La misma que tiene preocupados a sus fans desde hace dos décadas. Veinte años que llevamos enterrando a Antonio y él ahí sigue. Veinte años hablando de su relación con las drogas como si él fuera la encarnación del adicto universal. Decían que no aguantaría la gira. Y en estos veinte años lo que ha hecho él es desarrollar un negro sentido del humor. Llega a decir que ha pensado en dejarse caer en pleno escenario para ver si se asustan de una vez y le dejan en paz: «Ja, ja, sí, pues tanto decir, ahora vais a hablar con razón. Nacho y yo tenemos un humor muy especial y hemos aprendido a ridiculizar lo que no nos hace gracia y a reírnos con las cosas que sí la tienen. De todas formas, me agrada que la gente esté pendiente y se preocupe, siempre en términos positivos; cuando no es así, procuro que me dé igual y no hacer caso, prestar oídos sordos. Me quedo con el cariño de la gente y con la preocupación sana y bien entendida».
Cuando un grupo se reúne de nuevo sabe que van a llover argumentos para intentar explicar esa circunstancia; uno de ellos, la pasta. La reunión de Nacha Pop ha coincidido en el tiempo con la de muchas otras bandas importantes. En el extranjero, Police, Led Zeppelin... Y en nuestro país, Héroes del Silencio, Hombres G, Los Ronaldos... A Nacho le gustaría ver de nuevo juntos a Ciudad Jardín y Antonio se decanta por Golpes Bajos. «Pero nuestra cronología a la hora de hacer las cosas -explica Nacho- no coincide con una tendencia, con un deseo del mercado porque esté más favorable a esta música. Esta decisión nos ha salido de dentro».

Mosqueado
Y luego, a esperar las críticas.

Nacho: La mayoría han sido buenas. Recuerdo una que nos ponía muy mal y que no aportaba nada. Al periodista no sólo no le gustaba el grupo, sino que de entrada le parecía fatal el hecho de que nos juntáramos. La crítica era demoledora, a Antonio le ponían a parir y a mí también. Lo más increíble es que describía el concierto como desangelado cuando el sitio estaba lleno y la gente muy caliente. Escribía con premeditación, decía que los arreglos de teclados que ya eran antiguos en los ochenta, ahora están fuera de tiempo, cuando el 90% de esos arreglos no existían entonces. Se inventan cosas para ponernos a parir...

Antonio: A Nacho le mosquea más que a mí ese tipo de cosas. A mí me afectan, pero a Nacho más.

Nacho: Me indignan un poco...

Antonio: Te mosquean, te mosquean, ja, ja, ja... Y a mí me dan bastante igual, ja, ja, ja...

Antes de cada concierto confiesa Antonio que se agarran todos los miembros del grupo en corro, con la mirada clavada en el centro y con una cuenta atrás en los cascos. «Al llegar a un número gritamos un 'yo' al unísono. Nos da mucha energía». Luego salen y tocan lo que la gente espera, sus éxitos: Lucha de gigantes, Relojes en la oscuridad -«la que más nos gusta, ha envejecido muy bien; en directo va como una locomotora»-, Grité una noche... Y Chica de ayer, claro.
¿Y después del concierto? «Nos gusta mucho reunirnos en la habitación del hotel hasta altas horas de la madrugada, tirarnos ahí de charla, riendo, haciendo bromas, disfrutando del momento», dice Antonio. Nacho añade: «Y también solemos invitar a gente de la ciudad en la que estamos, fans que nos conocieron en los ochenta, gente que nos quiere, que ha venido de otras partes. Vamos a hoteles muy bonitos, tenemos unas habitaciones estupendas con terrazas, con todo lo que puedas imaginar, y las aprovechamos a tutiplén».
Una vez dijo Antonio: «Por las desdichas pasadas reivindico la euforia de vivir». ¿Cuáles son los pequeños placeres que hoy hacen saborear la vida a Nacha Pop?

Nacho: Correr por el campo.

Antonio: Tumbarme boca arriba en una playa y mirar al cielo limpio, las estrellas...


LAVERDAD.ES - 22.10.2007
Fotografía: EL País

martes, 9 de octubre de 2007

Retrato libre de una generación

RAFAEL FRAGUAS. Madrid
Conocer el espíritu de la época en que los jóvenes madrileños, por primera vez en su historia, troquelaron las costumbres, las ideas, la moda y el arte en la ciudad resulta una aventura grata en la Biblioteca Nacional. En su sala de exposiciones temporales se expone hasta el 18 de noviembre La Luna de Madrid y otras revistas de vanguardia de los años 80.
Los visitantes pueden contemplar en ella el fluir de unos años singularmente intensos en la creatividad generadora de cultura/contracultura a través de portadas, recortables, dibujos, fotografías y testimonios de aquellas publicaciones, expresión de lo que sería conocido como la posmodernidad en clave madrileña. Por cultura se convenía en entender -mucho ha llovido en estas décadas- una forma suprema de sentir, conocer y comunicar sazonada por el disfrute individualizado de las libertades de reunión, expresión y creencias recién arrancadas a la tiranía tras un valiente proceso de oposición antifranquista en las calles. Primero fue conquistar la libertad de todos; luego, la de cada uno.Los veinteañeros de los ochenta, ya con estudios e idiomas, aprovecharon bien la primera ocasión de salir al extranjero y de retornar a Madrid sin que la policía política de ningún autócrata les desvalijase en la aduana de todo tipo de foto, libro o cómic sospechoso. Fruto de aquellas salidas a Londres, Amsterdam o Nueva York fue la comparación de lo que había en Madrid entonces y lo que en Europa o Estados Unidos a la sazón se vivía, el goce de la libertad. Y surgió la pregunta: ¿Por qué nosotros no?
Borja Casani, de 55 años, primer director de La Luna de Madrid y que hoy vive en Formentera, era un devoto de The Kinks, grupo británico cargado de empuje. Con un cogollo de amigos vertebrado como un grupo de rock, deseosos todos de transgredir cuanto pudieran -"España no me gustaba nada", escribe ahora- Casani decidió crear la revista, cuyo diseño ideó libérrimamente el pintor José Luis Tirado. De La Luna -que llegó a tener espacio en Arco en 1984 y 1985- salieron a la calle 50 números y sus contenidos satisficieron el despertar de la pluralidad madrileña al dar cabida a todo el espectro literario, artístico e ideológico de la ciudad, salvo el de los intolerantes. Frente a otras revistas añadió a su sumario temático el sexo, la fotografía, la publicidad, amén de la moda, el diseño, la arquitectura -con excelentes recortables de Vicente Patón- hasta adquirir un troquel contracultural que adoptaría luego el nombre de Movida.
No obstante, la invención de este término, ya en 1974, la atribuyen algunos a Xaime Noguerol, orensano y periodista, autor del librito Extraños en el escaparate, editado por La Banda de Moebius, que se muestra en una vitrina de la exposición. Noguerol gustaba de lanzar a manos llenas monedas al suelo entre sus compañeros de la Escuela Oficial de Periodismo, para felicitar luego efusivamente a quienes no se habían agachado a cogerlas. "La movida deriva de movie, cine en inglés" decía, por sus componentes dinámicos, tan en consonancia con el tipo de vida que gentes de aquella generación, como el propio Noguerol, asumían: individualismo, iniciativa, riesgo, crítica, transgresión... Tal secuencia era el ideal de existencia añorado y practicado por autores y lectores no solo en La Luna -homónima de una revista literaria chilena en 1940- sino de muchos fanzines y publicaciones coetáneas, literarias o de cómic, repartidas por todo el país y de la entidad de El Víbora; Makoki; Madrid me mata; Tintimán; Madriz; Lavativa o las más serias El paseante y Cuadernos del Norte, que surgieron antes o entonces al calor del empuje que dió lumbre a aquel esfuerzo. José Tono Martínez, comisario de la exposición de la Biblioteca Nacional y segundo director de La Luna ha comentado con un poso de ironía: "Cuando íbamos por los pueblos a anunciar la posmodernidad nos dábamos cuenta de que, en ocasiones, eran lugares a los que no había llegado siquiera la modernidad".
Aquel desafío germinó en una explosión de libertad cuyo despliegue, por lealtad a su propio impulso, condujo a su consunción. De todo da cuenta esta muestra, de evocadora visita.
La Luna de Madrid y otras revistas de vanguardia. Biblioteca Nacional. Paseo de Recoletos, 20. De martes a sábados, 10.00 a 21.00. Domingos y festivos, 10.00 a 14.00. Entrada gratuita.

EL PAÍS, miércoles 10 de octubre de 2007

Fotografía RICARDO GUTIÉRREZ (elpís.com)

lunes, 8 de octubre de 2007

Vía Digital estrena "A quién le importa" un documental sobre la movidamadrileña

El canal Gran Vía, de Vía Digital, estrenará el domingo 13 de octubre, apartir de las 21.00 horas, "A quién le importa", un documental sobre lamovida madrileña y los acontecimientos políticos de la España de los 70 y80 que ha escrito y dirigido Nacho Pérez de la Paz y producido ElíasQuerejeta.
Nacho Canut y Alaska

Alaska y Nacho Canut son los protagonistas del documental, en el que rememoran los finales delos 70 y los 80 en España a través de su música, sus vivencias y lasimágenes de los hechos políticos y sociales más destacados.A través de la infancia, adolescencia y madurez de los protagonistas, "Aquién le importa" repasa los acontecimientos más importantes de la Españade esos años, como fueron la muerte de Franco, la Transición, El Golpe deEstado y las elecciones del 82.Además, la película recoge la trayectoria musical en sus distintas etapasde Alaska y Canut para mostrar al espectador un movimiento artístico ycultural, como fue la movida madrileña, desde los recuerdos de dos de susprotagonistas."A quién le importa" pertenece a la serie de Vía Digital "El ojo de lacámara", que pretende ser reflejo de distintos aspectos de la realidadespañola, de su vida cotidiana, contados siempre en primera persona porsus protagonistas o artífices.

EFE - Terra / Marietta Fraguas

jueves, 27 de septiembre de 2007

La Movida 'se cuela' en la Biblioteca Nacional

EFE
MADRID.- 'La Luna de Madrid' y otras revistas de vanguardia de los 80 pueden conocerse ya en la Biblioteca Nacional, con motivo de la exposición organizada por el 25 aniversario de la Movida Madrileña.
"Es la última revista de la modernidad", afirmó José Tono Martínez, uno de los fundadores de la revista 'La Luna' y comisario de la exposición, quien ha recordado una redacción en la que colaboraban desde Almodóvar, Fernando Savater y Javier Sádaba hasta fotógrafos como Ouka Lele y Alberto García Alix.
"Queremos que la gente de menos de 40 años vea lo que hicimos en los 80 los jóvenes que creíamos que íbamos a cambiar el mundo tras la España gris del franquismo", y la revista fue "un símbolo del cambio", ha subrayado Martínez.
Carlos Berlanga, que fue redactor jefe de la revista, recordó que "nunca sabíamos cómo habíamos cerrado un número, pero lo conseguíamos" y con ello "reflejábamos lo que estaba ocurriendo en Madrid en los ochenta".
Con un precio de 175 pesetas y el logotipo de una luna -"muy parecido al elegido por el Ayuntamiento para La Noche en Blanco", según Tono- la revista, mensual, salió en 1984 y, tras pasar por tres sedes diferentes, se cerró "por quiebra total" cuatro años después.
'La Luna' la hicieron "un grupo de amigos del colegio", periodistas convertidos en artistas, que provocaron un gran debate en la ciudad porque "proclamamos que habíamos llegado a la posmodernidad cuando no habíamos conocido la modernidad", comentó Borja Casani, el primer director de la revista.
Con una "censura cero", según recuerdan con satisfacción los protagonistas de 'La Luna', la revista hablaba de literatura, cine, música, arquitectura, historietas, grafismo, ilustraciones y un sinfín de secciones con la firma de jóvenes de entonces que hoy son nombres importantes.
A 'La Luna' se le deben provocadoras presentaciones en Arco, -"reproducimos los puestos de un mercado de abastos para transmitir la idea del mercado del arte"-, o las fiestas que organizaron en el Hotel Palace, "donde entraban punkies y travestis", recuerda José Tono Martínez.
Portadas dedicadas a deportistas como Fernando Martín o Hugo Sánchez, a grupos de música como Olé Olé, y a políticos como Javier Solana, la revista 'La Luna de Madrid' hoy no se podría volver a hacer "porque detrás de los medios hay intereses empresariales o políticos", han señalado Tono y Berlanga.
Sin embargo, no pierden "la esperanza de que los jóvenes de hoy hagan algo parecido", aunque no reconocen mucho el Madrid de hoy porque se pierden "en los túneles".
Hasta el 18 de noviembre, la Biblioteca Nacional expone unas 180 obras que recuerdan también las portadas y "fanzines" de otras revistas de la Movida Madrileña como 'Víbora', 'Comix', 'Dezine', 'El Europeo', 'Masoki' o 'Madrid me mata'.

EL MUNDO, 20 de septiembre de 2007

martes, 4 de septiembre de 2007

¿Qué fue de Rock Ola?


Si Nueva York tuvo su factoría de Warhol, el Madrid de los ochenta tuvo una serie de efervescentes factorías: discotecas, garitos, bares, casas particulares, estudios de fotógrafos y diseñadores, galerías de arte, redacciones de revistas, platós de televisión ... La ciudad respiraba aires democráticos y fue posible la gestación de un movimiento cultural cargado de locura y modernidad. La Movida cumple 25 años (aunque la cifra no está clara) y para conmemorarlo la Comunidad ha iniciado un homenaje que incluye más de 200 actos y durará tres meses. Para refrescar la memoria urbana de la Movida, en estas líneas se propone un recorrido por los escenariospor donde transitaron sus protagonistas.

IKER SEISDEDOS

Viajar contra la corriente de la memoria y la mitificación puede resultar descorazonador. O heroico, según se hayan dado las cosas.

Descorazonador es comparar la escena que brinda la cafetería sin personalidad que ocupa hoy el local donde estuvo La Bobia, bar de reunión de la Movida en el Rastro, con la agitación tabernaria de la secuencia inicial de "Laberinto de Pasiones" (Almodóvar, 1982) rodada a su puerta. O con los recuerdos de mañana de domingo, "con todos pasados", de la actriz Bibiana Fernández, la canonización del sitio como cónclave de la modernidad del músico Fernando Márquez, El Zurdo, o el relato de José Manuel Muriel, de 60 años, que trabaja desde hace 30 en el kiosco que hay justo al lado: "Los fines de semana eran -a principios de los ochenta- lo más; escritores, gentes de teatro, modernos, los que vendían chocolate, la policía y las riadas de gente que llenaban la calle. Hoy todo es más gris".

Es el mismo regusto que queda al evocar cualquier noche y hora punta en la doble sala de conciertos Rock Ola y Marquee (bajando la escalera) frente al comercio que en 2006 ocupa su sitio; o la discoteca Carolina, donde guarda el recuerdo el artista Javier Pérez-Grueso de alguno de sus primeros conciertos, cuando formaba parte de Radio Futura y el local aún no era un gran almacén de ropa.

Todos ellos, los descorazonadores, pero también los heroicos - ¿o no es heroico que los bares como La Vía Láctea, la Sala Sol o El Penta sigan en esencia igual que entonces?- conforman la ruta del hipotético mapa para seguir el rastro de la Movida. Aunque a Fabio McNamara, multifacético personaje que aquella época, los mapas se le queden cortos. "Debería ponerse una placa en La Palma 14, porque allí nació la Movida", dijo el día que se presentaba la macroexposición sobre la Movida. Y se refería, por supuesto, a la casa de Los Costus (Juan y Enrique), fallecida y decisiva pareja de pintores y profesionales.

Hasta que llegue ese día, sí parece justo advertir a los peregrinos de la Movida que no sólo esa casa debería ser de visita obligada. También el apartamento en la planta 16 de la Torre de Madrid, donde el adolescente Bernardo Bonezzi, cantante de Los Zombies, hacía cortos, canciones y demás creaciones absurdas y divertidas con Almodóvar, McNamara, el pintor Sigfrido Martín-Begué o Carlos Berlanga (cuya casa en Somosaguas era otra parada en la ruta del Ford Fiesta de Begué).

Antes, "el piso del Paseo Imperial", como se refiere El Hortelano, artista, a la vivienda que compartía con el pintor Ceesepe y el fotógrafo Alberto García¨-Álix fue también a finales de los setenta "escenario de movidas". Y más tarde, la enorme casa estudio de Pablo Pérez-Mínguez (PPM) en Montesquiza, 14, verdadero museo vivo de aquellos tiempos. En su libro de fotografías "Mi Movida", PPM menciona muchos de éstos entre la treintena de lugares en los que, ante su cámara, sucedió de todo: "Los mejores eran aquellos sitios construidos con el dinero negro del tardofranquismo que reabríamos, poníamos de moda en tres semanas para irnos a uno nuevo cuando llegaba la masa. Los otros chicos del montón que decíala primera película de Almodóvar", recuerda el fotógrafo. "Menos el Rock Ola, que este siempre permanecía. No había competencia posible".

Los "del montón" a los que se refiere eran la masa anónima que llenaba los conciertos (también los de corte más duro de la Canciller o los míticos del salón de actos de la Escuela de Ingenieros de Caminos) o acudía a las exposiciones de la galería Buades, la de las hermanas Moriarty (hoy un bar), o el garaje del barrio de Salamanca donde estaba la sala de Fernando Vijande (donde expuso Warhol) y hoy es un banco.

Los que bebían en las terrazas de la Castellana, asistían a la grabación de programas como "La edad de oro", "La Bola de Cristal" o "Caja de Ritmos" y reían las gracias posmodernas que atrajeron a los periodistas europeos que contribuyeron al mito del despertar democrático de España.

Todos ellos leyeron con avidez las revistas, casi fanzines, que, como notarias de todo aquéllo, merecen figurar en el mapa. Al menos, las redacciones de las dos principales (Madrid me Mata, de Óscar Mariné, y La Luna de Madrid, de Borja Casani), donde recuerdan sus empleados, "todos hacían de todo" y "si se rompía un cristal, no había para uno nuevo" y si preguntas a Casani, más que una redacción en su caso "era un grupo de amigos del barrio, con unas cuantas máquinas de escribir y un cuarto oscuro para fotos".

Y si al final del paseo, aún quedan ganas, quizá convenga recordar que la Movida no fue solo citadina ni sólo cosa de modernos (por ejemplo, el fotógrafo Miguel Trillo reivindica el papel de otras tribus urbanas y municipios madrileños), y que como movimiento amorfo, tuvo incontables escenarios. También, que los mitos, mitos son, y que demasiada nostalgia resulta inevitablemente cursi.

PUNTOS CLAVE DE LA RUTA

  • Discoteca Rock Ola : Padre Xifré, 5
  • La Bobia : San Millán, 3
  • Casa de las Costus : La Palma, 14
  • Estudio de PPM : Montesquinza, 14
  • Piso de Ceesepe y Álix : Paseo Imperial
  • El Penta: Palma, 4
  • La Vía Láctea : Velarde, 18
  • Sala Carolina : Bravo Murillo, 202
  • El Sol : Jardines, 3
  • Sala Canciller : Alcalde López Casero, 15
  • Terraza Teide : Castellana, 12
  • Galería Vijande : Núñez de Balboa, 65
  • Galería Moriarty : Vergara, 12
  • Redacción de Madrid me Mata : Buen Suceso, 24

La huella de la Movida Madrileña - EL PAÍS, lunes 27 de noviembre de 2006

lunes, 3 de septiembre de 2007

Bares, qué lugares

BLANCA SÁNCHEZ
Escribir, veinte años después, una mañana gris, sobre los bares de la Movida Madrileña es, no sólo una tarea ardua sino casi una falacia. ¿Cómo transmitir aquélla ebullición que nos llevaba del Escalón (Chamartín) a El Sol (Jardines, 3); de El Sol al O´Clock y nuevamente al Teide?. ¿Qué tenían aquellos locales que nos atraían de aquél modo? ¿Qué había en La Vaquería para ir a las nueve de la noche, volver a la una y terminar en El Sol?. Creo que era la música. La música y el público. Ya no eran las boîtes de nuit donde se intentaba canalizar el líbido haciéndose arrumacos; eran lugares de encuentros, charlas y risas.
Se podría hablar de La Bobia, El Malacatín (bar de legionarios también en El Rastro, donde la tortilla de patata y pimientos nos encantaba), el Carolina (tan agradable por sus dimensiones que, apesar de ellas, nos ofrecía intimidad, el Teide, el O´Clock, el Ras, el Escalón ... pero el local de la Movida por excelencia fue El Sol. El Sol y la personalidad incuestionable de Antonio Gastón, su savoir faire y cordialidad.
El diseño de El Sol fue un gran acierto. Esa escalera que nos permitía bajar elegantemente mirándonos en un espejo. Aquella primera barra donde los más bebedores se apalancaban; la mesa, reservada para Antonio y sus amigos; los balconcillos donde todos nos agrupábamos y desde donde podíamos ver los conciertos en aquel miniescenario tan casero, donde actuaban los grupos amigos, las gradas donde nos observábamos los unos a los otros, ese aire decontracté y pasotilla que impregnaba todo. Por último, aquellas actuaciones de última hora del mismísimo Gastón, imitando a Juanita Reina y utilizando las cortinas rojas como único elemento escenográfico.
El Rock Ola fue también un lugar emblemático. Aunque no tenía unas enormes dimensiones (como el MM) sí había una sensación de tantos recovecos que nos permitía imaginarnos miles de situaciones y otros cientos de personajes. Tal vez fue eso: la imaginación e ilusión lo que nos hacía apalancarnos en aquéllos lugares tan diversos.
EL PAÍS, lunes 27 de nioviembre de 2006

Correos recuerda el 25 aniversario de la Movida Madrileña con la emisión de un sello conmemorativo

MADRID, 13/04/2007 (EUROPA PRESS)

El Presidente de Correos, José Damián Santiago Martín, presentó hoy el sello que esta entidad ha puesto en circulación dedicado a conmemorar el 25 Aniversario de la Movida Madrileña, y en el que uno de los bandos de Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid cuando la Movida alcanzó su eclosión, será el protagonista.

En el acto también intervinieron Moncho Alpuente, periodista, escritor y músico, y Fernando Martín, crítico y músico, representando a los protagonistas del movimiento artístico, algunos de ellos asistentes a la presentación.

Este sello del 25 Aniversario de la Movida Madrileña forma parte de la serie filatélica Efemérides y su valor postal es el del franqueo de una carta o tarjeta postal nacional. Para enmarcar el sello, Correos ha emitido una hoja bloque en la que además de la reproducción del fragmento de uno de los bandos de Tierno Galván, se incluirá un dibujo del oso y el madroño, símbolos de la capital española.

El sello ha sido impreso por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre en huecograbado, en papel estucado, engomado y fosforescente. Su formato es de 40,9 x 28,8 mm (horizontal), y el de la hoja bloque de 79,2 x 105,6 mm (vertical). Tiene un valor postal de 0,30 euros y una tirada de 500.000 hojas bloque.

Más información: http://www.correos.es/comun/filatelia/2007/0450_07-seleccionaSello.asp?IdSello=2042007

domingo, 2 de septiembre de 2007

Los "friquis" de la Movida

LA OTRA TRANSICIÓN por Lluis Fernández

El 25 de mayo de 1977, en plena Transición democrática, se estrenó "La grerra de las galaxias". La película de Lucas creó una conmoción mayor que "Lo que el viento se llevó". Treinta años después, ese día sería mítico para generaciones que ni siquiera habían nacido entonces y se conmemoraría como "El día del orgullo friqui", a imitación de los encuentros de "trekies", los fans de "Star TreK". Puestos a fantasear, el lado cutre de la Fuerza serían los friquis, seres atrapados en una dimensión oscura.

Desde los 60, un friqui es la variante contracultural de jipi, y a finales de los 70 todavía conservaba una "estática" tan espantosa como la de los pioneros de los 60: ropa gastada, pelos grasientos, barbas mugrientas y chirucas de piel vuelta.

El modelo anarco pasota a imitar era Frank Zappa, cuyos objetivos vitales eran cambiar el mundo, derrocar al perverso sistema capitalista y la alienante sociedad de consumo mediante masivas dosis de sexo, drogas y rockanroll. Hay que reconocer que el programa político, sacado de "Rocky Horror Picture Show", quizá pecara de ambicioso.

Nadie sabía entonces que, originalmente, los friquis eran una especie de secta de fanáticos de la película "Freaks" (1932), que se reunían anualmente para comentar esa insólita película de Tod Browning rodada con enanos y seres deformes de un circo.

Con rulos y pantuflas

A imitación de John Waters y Divine, los arquetipos friquis de la Transición fueron Nazario y Ocaña en Barcelona y Almodóvar y Fanny McNamara en Madrid. Todos ellos hicieron de su vida pública un espectáculo friquigay, ya fuera en las Ramblas barcelonesas, disfrazados de andaluzas y clavariesas barbudas, o actuando en RockOla como una sex-symbol y un ama de casa con rulos, pantuflas y boatiné. Poco o nada tiejnen que ver con los friquis españoles actuales. Los hay antisistema, pero la peña es más bien de "fans" obsesionados con "La Guerra de las Galaxias", los ordenadores y un universo tan variopinto como el que va del Fary a la Abeja Maya. A ese tipo de friqui naïf le encanta sentir que dominan la Fuerza y combate, con imaginarios enemigos con su espada de doble láser. Sus dos iconos fundamentales son Lord Darth Vader, con su máscara y capa negras, y el coleccionista obeso de la tienda de tebeos de "Los Simpson". Seres solitarios y marginales que se sienten tentados por el lado oscuro de la Fuerza y de forma autoparódica se identifican con los héroes más caspas de la Galaxia consumista: el Chapulín Clolorao, SonGoku, Espinete, Jackie Chan, Orzowei, el Corbacho y la Pandilla Basura. A los que habría que añadir a Pepiño Blanco, alucinante Miniyó de SúperZP.

En cuanto a los estereotipos tecnológicos del friki hay que buscarlos en EEUU, de donde proceden los "nerds" y los "geeks", según los caligica Douglas Coupland en "Microsiervos". Los "nerds" son expertos programadores informáticos, simples como un huevo Kinder y de personalidad bastante asocial, y los "geeks", su complemento perverso, enrollados creativos de sofware, sin otro proyecto vital que vivir para trabajar y marear la perdiz con una vida sexual difusa. Ambos son del tipo de friquis que comen porquerías congeladas, odian el deporte y su sexualidad oscila entre los tecnosexuales, fascinados por los artilugios informáticos, y los übersexulaes metrosexuales que cifran su encanto masculino con las mujeres en la inteligencia, el éxito profesional y el poder adquisitivo. Vista la deriva semántica de este vocablo - chicle, cualquier persona absurda como Belén Esteban cabría motejarla de friqui. ¿Y si la madre de Andreíta fuera el lado megaoscuro de la princesa Leia?.¡Aaaahhhhhhhhh!.

LA RAZÓN, 1 de agosto de 2007

Blanca Sánchez


La artista y galerista Blanca Sánchez, una de las impulsoras de la conocida “Movida madrileña” y comisaria del homenaje que la Comunidad de Madrid organizó con motivo del 25 aniversario de la misma, ha fallecido a los 59 años, tras padecer una grave enfermedad. Nacida el 21 de octubre de 1948 en Madrid, Blanca Sánchez fue quien acogió en su casa a Pedro Almodóvar cuando este decidió trasladarse a la capital. Por su casa pasaban habitualmente los Costus, Miguel Ordóñez, Alaska, Fabio McNamara, Carlos Berlanga y Bernardo Bonezzi, y allí, en su mesa camilla, entre charla y charla, creaban, y de sus creaciones nació la conocida “Movida”. Muchos la consideraban también la responsable del “estilo Almodóvar”, aunque ella siempre ha desmentido ambas cosas, pero lo cierto es que parte del vestuario de la película “Pepi, Lucy y Boom” era obra suya.
Vivió entre los 15 y 23 años en Parías, Colonia y Londres. De regreso, le esperaba el Madrid de finales de los 70 y principios de los 80, y desde entonces su vida quedó vinculada al mundo del arte, encargándose de organizar exposiciones en establecimientos como las galerías Bandrés, Fernando Vijande, Maier Hahn o Max Heztler.
Entre las colaboraciones y participaciones que realizó en el cine en aquellos primeros años, destacan las llevadas a cabo con Almodóvar en “Historia de amor que termina en boda” (1974), “Pepi, Luci y Boom” (1980), “Laberinto de pasiones” (1982), “Qué he hecho yo para merecer esto) (1981) y “Amantes de lo prohibido” (1986). También trabajó en todos los cortos que Iván Zulueta realizó de 1973 a 1976; y en los de Jesús Ferrero en 1984, durante su primera estancia en Madrid. En 1985 fue asesora y ayudante de dirección del mítico programa cultural de Televisión Española “La Edad de Oro”, que presentaba Paloma Chamorro.
En 1987 fue comisaria de la exposición sobre Andy Warhol en España, realizada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Asimismo ejerció como representante personal de Carlos Berlanga, realizando la gira por España con Alaska y Dinarama, en este año, y la gira por México y California, en 1988, año en que también trabajó con Alberto García – Álix.
Desde 1992 y hasta 2003, fue coordinadora de Artes Plásticas, Arquitectura y Diseño en todas las exposiciones realizadas en el Círculo de Bellas Artes.

ABC VIERNES 31_8_2007



“La dama de la Movida”
Jorge Berlanga

Creo que la primera vez que vía a Blanca Sánchez me la presentó Andy Warhol en una fiesta de Fernando Vijande, cuando el artista dejó su factoría de Nueva York y se acercó por aquí para decidir de paso que Madrid era la ciudad más divertida del mundo. Exponía unos cuadros que, de algún modo, eran el retrato y el apoyo acrílico de la nueva España. Entre canapés y copas, a la vera del señor millonetis al que le gustaba gastar duros para que el mundo cambiara un rato y fuera un poco gracioso, imaginativo y de otra manera.
Warhol se dejaba fotografiar con el divino perfil de Cristina Huarte, con el susurro en blanco y negro de mi hermano Carlos, con Almodóvar y McNamara haciendo ruido en la cocina, con la enmarañada pelambre de Paloma Chamorro como perfecta niña alborotadora del panorama cultural, en donde señores con educación, mujeres leídas y rebeldes y una pandilla de adolescentes con inquietudes decidieron sin querer hacer de este país un ejemplo de modernidad.
Cuando se habla de los padres o madres de la Movida madrileña, a mi me da la impresión de entrar en unos horrorosos territorios de memoria geriátrica. Yo a lo que vengo en unos párrafos es a hablar de Blanca Sánchez que, siendo un poco mayor que la mayoría, no dejaba de ser la más joven. Vestida, maquillada, teñida con colores siempre dignos de sorprender. Amada en su aparente soledad de un formidable cariño de fortaleza en todos los ángulos sensibles para acoger, mimar y promocionar a todo pájaro perdido que cayera en su iluminada proximidad. Siendo tan conocida, era un pequeño mito desconocido. Una especie de mujer de culto, para bien o para mal, que se encarnaba en catalizador y símbolo de artes y energías propias y ajenas.
¿Qué es hablar del arte, para alguien que tanto lo ha querido y lo ha vivido hasta la muerte?. A Blanca de pronto la veo como un raro centro de alegre gravedad sobre el que giran pintores de principio y fin de siglo. Los Gordillo, Campano, Sicilia, Pérez Villalta, Molero, Martín Begué, Javier de Juan, Ceesepe, El Hortelano, Ouka Leele y tantos que me canso de contar.
Estuve con ella codo a codo hace unos meses, trabajando en la remembranza que hizo la Comunidad de Madrid de la mano de Esperanza Aguirre y el apoyo de Álvaro Villarín sobre los viejos y todavía estimulantes tiempos de la ciudad entregada a la libertad y al fuego creativo. Tal vez ya Blanca estaba enferma, sin decirlo y sin que lo notáramos en la revivida hoguera de vanidades y delirios. Pero se estaba muriendo tratando de disfrutar un poco más de la vida y, de paso, como siempre, tratando de ayudar a los demás. Con todo lo que siempre le gustó, que era rodearse de toda la convulsión y reposo que puede ofrecerle el mundo de la creación en una sociedad destructiva. Con ese sentido de la elegancia que lleva a fallecer discretamente sin desbaratar poco más que el mínimo aparato sentimental de familia y amigos. Donde a veces no sabemos qué pintamos, pero, al menos, podemos seguir apreciando el secreto sabor de las pinturas. Con música incluida.


LA RAZÓN Viernes 31 de agosto de 2007

sábado, 1 de septiembre de 2007

El Templo de la Movida

Durante la movida el Rock-Ola fue para muchos “la gran universidad”, cada noche se congregaban personajes de todo tipo, famosos y anónimos y daban lugar a situaciones de toda índole. Desde Pedro Almodóvar en bata, zapatillas y con medias de rejilla cantando “Quiero ser mamá, quiero tener un bebé” hasta el grupo musical “Decibelios” sorprendiendo al público cuando, en un concierto en directo, sacan unos pollitos a los que decapitan manchando a las primeras filas de sangre.Fue el primer after hours de Madrid, abriendo de 7 de la tarde a 7 de la mañana y ofrecía música en directo. El problema de las drogas junto a las peleas terminan por cerrarlo, a pesar de que los dueños trataban de evitar que entrasen al local. Johnny, dueño del local Nueva Visión, abierto en 1980, cuenta cómo al entrar en Le Marquee requisaban las sustancias y las tiraban por una trampilla que daba a los sumideros madrileños.“Las ratas, enormes, se volvían locas con el chocolate, y con una papelina de caballo ya no veas”“El problema del Rock-Ola va a ser sobre todo el porro y las píldoras. En "Le Marquee", con su evolución más "underground" después de la apertura del Rock-Ola, van a ser las drogas dichas más duras. Cuando decido su cierre y su redecoración, caerán de las paredes jeringuillas que los yonquis habían escondido detrás de las telas. El problema de las drogas va a marcar la historia de las dos salas! Si hay algo que no cambia en sus evoluciones respectivas, es eso. Hasta nos acusarán de tráfico” (Joseph George Gonzalez, antiguo dueño de Rockola en http://www.rockola-marquee.com/
Rockers,punkies, heavy metals, macarras...el público de Rockola era tan heterogéneo como la ciudad en donde se encontraba, allí ocurría todo.El cierre final sucede casualmente unido a una tragedia, la muerte de un joven rocker a manos de una banda de mods que acudían una noche a Rockola a presenciar un concierto. El asesinato sucedió en la calle, Rockola no era responsable de que unas bandas odiasen a otras.




DESORDENADA HABITACIÓN, viernes 16 de febreo de 2007

El Rockola, templo de la “movida”


JOSE MARIA PLAZA
La foto que abre el reportaje es muy llamativa, y para los más jóvenes, sorprendente: se contempla a dos tipos con un aire entre travesti y macarra con un micrófono en la mano. El más impresentable -medias de rejilla y escote con pelo en pecho- es nada más y nada menos que Pedro Almodóvar. Hace 20 años, el hoy famoso director de cine ofreció una provocativa actuación musical en el Rockola.
Estaba naciendo la movida madrileña, y Almodóvar fue uno de sus más originales impulsores. Y en aquella época cantaba con Fabio Macnamara Voy a ser mamá, dibujaba un cómic muy underground en una revista llamada La Luna, hacía un desfile de moda o mostraba a sus amigos los cortos que estaba rodando.
Pero el tema del reportaje, que publica Rolling Stone este mes, no es Almodóvar sino Rockola, un local de música, una discoteca que ha pasado a la historia por ser el templo de la movida. Se abrió en 1981 y se cerró cuatro años después. Su lugar lo ocupa hoy un supermercado.
A principios de los 80 existían muchos grupos de música, de gente muy joven, que no grababa o vendía pocos discos, pero que reunía a multitud de fans cuando actuaba. Así surgió la idea de abrir esta sala de música en vivo, que se inició, precisamente, con la actuación de un grupo punki (era la época) británico. Después, Rubi y los Casinos, Mamá -un grupo de quinceañeros que lanzó su éxito Chicas de colegio- y Los Secretos, que dos décadas después vuelven a estar de actualidad: “Déjame...”.
Rockola era un local feo, pero en él siempre había gente famosa. Algunos de los que pasaron por allí son Loquillo, Ana Torroja, Alaska y todos sus pegamoides.., artistas, modistas, modelos.., ah, y Radio Futura, que tuvo un día negro: sólo fueron 32 personas a su actuación.


AULA DE EL MUNDO, 3 de mayo de 2001

Fallece Blanca Sánchez, una de las figuras clave de la Movida madrileña

AGENCIAS
MADRID.- Familiares y amigos del mundo de arte han despedido a la artista y galerista Blanca Sánchez, una de las figuras claves de La Movida madrileña. Sánchez falleció el jueves en la Clínica San Camilo de Madrid a las 7.30 horas, tras una larga enfermedad. Sus restos mortales serán incinerados en el crematorio de La Almudena y el entierro de sus cenizas tendrá lugar el sábado, según han informado fuentes cercanas a la fallecida.
Entre los amigos que se acercaron hasta el Tanatorio de la M-30 de Madrid para despedir a Sánchez, sobre todo pintores y amigos del mundo del arte, se encontraba Olvido Gara, que acudió en compañía de su marido Mario Vaquerizo. Alaska ha señalado que Blanca Sánchez, aparte de una profesional de los 80, también lo era actualmente.
"Tiene una carrera que no está limitada a determinados artistas", dijo Alaska, recordando que conoció a "Blanquita" cuando Pedro Almodóvar rodaba 'Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón'. Algunas escenas del filme del director manchego se grabaron en el piso madrileño en el que vivían Almodóvar y Sánchez. "La conozco de toda la vida. Era muy amiga de Almodóvar", matizó.
Alaska prosiguió diciendo que fue "una persona muy querida" ya que "ayudó a muchos artistas". "Tenía una visión muy buena para el arte. Era una verdadera profesional de descubrir talentos nuevos, de mover bien la obra de artistas y hay mucha gente que la quiere", señaló.

Comisaria del homenaje que la Comunidad rindió a La Movida

La cantante destacó que se alegró cuando se editó este año el catálogo de la exposición de 'La Movida'. "Ella fue comisaria de estos actos. En este catálogo queda constancia de unas obras que no son sólo musicales y que son de un periodo, de un momento determinado de la historia de un país. Además, es el libro de Blanca: de todo su trabajo, de todo lo que compiló y de todos los artistas con los que trabajó", dijo, recordando que, por ejemplo Sánchez fue la encargada de organizar todo cuando Andy Warhol visitó Madrid.
De hecho, Blanca Sánchez dejó plasmados en este catálogo los "recuerdos, sensaciones y vivencias" que tenía de La Movida. "Todo parecía desparramarse. Fue un periodo de creatividad extraordinaria, que surgió de forma espontánea en Madrid a finales de los setenta y comienzos de los ochenta. Aunque, fechar la Movida es casi imposible", explicaba entonces la galerista, cuando desgranaba cómo fueron aquellos años como si se tratara de "las batallitas del Abuelo Cebolleta".
"Para mí La Movida empezó en la calle Antiñón, en casa de Herminio Molero, cuando fui con Pedro Almodóvar a una fiesta, donde conocí a Guillermo Pérez Villalta o Fernando Huici, entre otros", afirmaba Sánchez en la introducción del catálogo de la exposición de la que fue comisaria.
El término 'Movida', explicaba entonces, surgió algo más tarde. "Uno decía 'voy a hacerme una movida' para ir a comprar droga", argumentaba, señalando que las características más claras de La Movida fueron, ante todo, "su espontaneidad, un deseo de expresión artística 'malgré tout', un desparpajo y libertad hasta entonces inexistentes e imposibles".
Sánchez recordaba que fue una generación capaz de unir a Andy Warhol con Ramón Gómez de la Serna, "con una frivolidad irrespetuosa hacia todos y hacia todo".
También tuvo unas palabras de recuerdo para Sánchez, Bárbara Allende, quien también trabajó con ella en la exposición de 'La Movida'. Ouka Leele destacó "la ilusión" con la que trabajaba organizando la muestra y, "el empeño" que ponía al seleccionar las obras. De hecho "eligió uno de mis trabajos más íntimos".
"Sabía que estaba enferma, pero luchaba por vivir", señaló la fotógrafa, recordando la última visita que le hizo en su domicilio. "Ha sido una sorpresa", indicó la Premio Nacional de Fotografía, quien no se esperaba esta noticia, ya que la propia Sánchez, dijo, "creía que se iba a curar".
EL MUNDO, Sábado 1 de septiembre de 2007

miércoles, 29 de agosto de 2007

La Movida, 25 años después

Revisar la Movida, aunque sea bajo la excusa de conmemorar un aniversario, equivale a meter la mano en un airado avispero. Muchos de sus protagonistas prefieren hoy, por táctica, marcar distancias: las grandes ausencias no son casuales. Para los artistas en activo, urge defender su obra actual y desmarcarse de las creaciones más juveniles.

Alaska, que siente pavor ante las trampas de la nostalgia, explica su particular ambivalencia: “Nacho (Canut, su compañero en Fangoria) es más militante del olvido, hasta le divierte que se difundan tópicos y mentiras. A mi me sale la vena de historiadora y entro al trapo ¡siempre!. Oigo alguna barbaridad y no puedo reprimirme: `un momento. Eso no fue así ´. Y me tiro media hora explicando que Madrid realmente no se llenó de punkis y new romantics cuando Tierno Galván era alcalde”.

El gran baldón de la Movida: su supuesto origen municipal (y socialista). Para los que vivieron aquella época, un disparate: no hubo respaldo oficial en 1980, cuando eclosionaron los primeros grupos; ni tampoco en 1981, año de reflujo tras las decepcionantes ventas de las bandas; ni en 1982, cuando el bache se resolvió con los sellos independientes. Gran parte de la izquierda contemplaba con desconfianza aquel despuntar, asumiendo el tosco análisis de columnistas miopes que favorecían la “autenticidad” vallecana de Ramoncín sobre la frivolidad de Los Pegamoides, donde coincidieron la hija de un exiliado – Alaska – con un Canut y un Berlanga (y con hijos de familias menos significadas; aquello fue una conspiración interclasista). Nada de “movida promovida” como insinuaría una canción posterior.

El verdadero catalizador fue la llegada a la mayoría de edad de una generación que, con aliento de muchos adultos, deseaba disfrutar de las libertades democráticas. Más que una quinta despolitizada, eran optimistas que no podían concebir un retorno al franquismo; el espasmo del 23-F fue mirado con incredulidad, y no provocó ni canciones, ni conciertos de repudio, a diferencia de los dibujantes de cómic, que reaccionaron con un explosivo número especial de El Víbora.

Cuando la Movida adquirió envergadura artística y sociológica, las diferentes instancias – estatales, autonómicas, locales – se subieron al tren en marcha. Ya en 1984 hubo una exposición retrospectiva, Madrid, Madrid, Madrid, en el Centro de la Villa. Y Tierno Galván soltó lo de “a colocarse, y el que no esté colocado, que se coloque”, durante un festival de 24 horas que montó Radio 3 en el Palacio de Deportes. Aseguran hoy sus colaboradores que don Enrique conocía la jerga juvenil y que quería decir exactamente lo que dijo. Dudoso: inauguró una calle con el nombre de John Lennon y, durante su discurso, insistió en denominarle “Lennox”.
Para aquellas fechas, la Movida tenía resonancia internacional. En Laberinto de pasiones, Almodóvar hizo que uno de sus personajes extranjeros afirmara, como algo bien sabido, que Madrid era “la ciudad más divertida del mundo”. Al poco, eso se pensaba realmente en todo Occidente. Puede que ni la muerte de Franco ni la transición convocaran en España a tantos periodistas, equipos de televisión, cazadores de tendencias.

En sus días de marea alta, nadie se alzaba públicamente contra la Movida: hasta futuros azotes del felipismo, como Federico Jiménez Lozanitos o Tomás Cuesta, disfrutaban de sus placeres. El único resquicio para atacarla era su reflejo en TVE: en 1983, Caja de Ritmos emitió Me gusta ser una Zorra, procaz adaptación del I wanna be your dog, de Iggy Pop, a cargo de unas punkis bilbaínas, Las Vulpess. ABC transcribió (mal) la letra y organizó un escándalo político – estaban cerca unos comicios municipales – que se saldó con la cancelación del programa y el procesamiento de su director, Carlos Tena. Años después, Paloma Chamorro también debió acudir al juzgado acusada de ofensas a la religión en La edad de oro. Sin embargo, no hubo denuncias cuando La Bola de Cristal emitió el orgiástico video de Relax, de Frankie Goes to Hollywood; tampoco alarmaron los ideologizados guiones de aquel espacio. De hecho, hasta ABC terminó contando con un suplementomovido, donde escribían desde Fernando Márquez hasta Edi Calvo. Y Diario 16, bajo la dirección de Pedro J. Ramírez, llegó a poner en portado el concierto de Rubi en Rock Ola: ayudó que - como se veía en la foto - la cantante actuara con un sucinto camisón rosa.

Solo mucho después, con el Partido Popular ya instalado en la Plaza de la Villa y en la Puerta del Sol, se exteriorizaron los rencores. En 1991, José María Álvarez del Manzano, alcalde de Madrid, en una entrevista con La Vanguardia afirmaba que la Movida fue menos que un espejismo. Imposible dejar de reproducir tal andanada: "No hay que enterrarla porque se ha evanescido, ni siquiera tiene cuerpo para enterrar. Era algo etéreo, una propaganda política, no ha dejado un solo poso. Yo no recuerdo un solo libro, un solo cuadro, un solo disco; nada, de la Movida no ha quedado nada".

No fue simple deseo de epatar a un periodista barcalonés. Años después, Álvarez del Manzano despreciaba a uno de sus predecesores, el socialista Juan Barranco, con la lacónica evocación de su pecado nefando: "Apoyó la Movida". En esa visión revisionista, el PP fue respaldado por algunos arrepentidos con ganas de situarse. Ayudó que el resto de los agitadores o simpatizantes se desentendiera de la defensa de los ochenta. Afectados quizá por los sentimientos de culpabilidad que trae la resaca, prefirieron no entrar en polémicas y vivir el presente. El pasado, ya se sabe, suele traer recuerdos de excesos y concesiones.

Tenían perfectas excusas. Podían preguntar: ¿qué Movida?. Desde los albores se alzaron barreras. Del clan pegamoide surgió aquella división. "Los que nos teñimos el pelo y los que nunca lo harían". Hilando más fino, hubo quien limitó la pertenencia a los que visitaron la casa - taller de Costus. Eran, para entendernos, los modernos. Les distinguían sus modos gay o, por lo menos, su ambigüedad sexual. Culturalmente ávidos, estaban al tanto de modas imitables de Londres o Nueva York. Se comunicaban con el mundo del cine - Almodóvar - y del arte: todos se fotografiaron con Warhol en su visita a Madrid, aunque Andy no les inmortalizó (si lo hizo con Miguel Bosé, quien pasó por caja).

Los modernos cumplieron con anhelos, los propósitos del hipotético manifiesto de la Movida: la interacción entre las artes ( o por lo menos entre artistas de distintas disciplinas ), la exigencia de cosmopolitismo, la violación de tabúes sexuales, el desprecio de la santurronería progre. Les perdía, claro, su elitismo. En lo musical, se vieron desbordados por la ascensión de los grupos pop, hijos de la new wave británica. Con su habitual lengua pérfica, los modernos les descalificaron como babosos: abundaban rimas con acné, quejas contra chicas malas. Contra la ñoñería disparaban las Hornadas Irritantes, fugaz bandera bajo la que zarparon en 1981 Glutamato Ye-Ye, Derribos Árias y Pelvis Turmix.

Lo extraordinario fue la proliferación de propuestas. Iniciativas que saltaban a la arena cuando todavía no había mercado, ni, por supuesto, subvenciones. El contagio fue inmediato: surgieron movidas en Vigo, en Barcelona, en San Sebastián, en Sevilla, en Valencia ... Sin manual de instrucciones, se tradujeron y adaptaron los modelos del tecno, el rockabilly, el afterpunk, el rock gótico, el funk-pop, el reggae. Se copiaba, inevitablemente, a los Clash, Police, Kraftwerk, Stray Cats; tras ese aprendizaje, los más listos despegaban hacia expresiones personales. Un dibujante gallego, Víctor Coyote, inventaba el rock latino 15 años antes de que fuera rentable. Esclarecidos, un grupo nucleado por arquitectos, desarrollaba narraciones urbanoascon sedoso fondo jazzy. Servando Carballar, que venía del teatro y de la ciencia ficción, generaba ingentes cantidades de teoría y música con Aviador Dro.

Radio Futura constituye el paradigma de la prodigiosa maduración del movimiento. Al nacer, en 1979, habían pasado más tiempo en universidades o en galerías de arte que en los locales de ensayo. Su LP de 1980, Música moderna, quería venderse como pop adolescente, pero estaba confeccionado con las enseñanzas del pop art. Aunque Enamorado de la moda juvenil o Divina adquirieron categoría de himnos, el proyecto se estrelló y Radio Futura se recompuso en rock. Tras tres años de miseria se impusieron como banda de ideas, cuyos discos y entrevistas reflexionaban sobre la cultura popular en España, la urgencia de recuperar tradiciones urbanas, la conveniencia de establecer un diálogo con América, nuestro lugar en el mundo.

El grupo de Enrique Sierra y los hermanos Auserón también fue ejemplar en establecer lazos con artístas gráficos, escritores, videorrealizadores, el mundo universitario. La Movida tuvo su manifestación más visible en la música, pero también iluminó otras áreas de la creación. Eso sí, con desigual impacto. No tuvo demasiado eco en la literatura - novelas como Madrid ha muerto, de Luís Antonio de Villena, salieron a posteriori -, ni tampoco en el cine: en caliente, sólo se filmaron la citada Laberinto de pasiones y la simplona A tope (1983).

En artes de gestación más rápida y menor inversión sí hubo un florecimiento de talentos. La fotografía contó con cronistas de la realidad como Miguel Trillo, Alberto García - Alix o Pablo Pérez - Mínguez, verdadero retratista de corte, sin olvidar a Ouka Leele o a los especializados en moda, inevitablemente atraidos por aquélla eclosión de criaturas llamativas. Los diseñadores de ropa también se sintieron inspirados por la Movida: un lugar con tan poco glamour como Rock Ola acogió desfiles como Baja Costura o Costura España, ambos de Alvarado.

En el cogollo estaban pintores como Guillermo Pérez - Villalta, El Hortelano, Sigfrido Martín - Begé, Dis Berlin, Herminio Molero, Costus, Pablo Sycet o Ceesepe. Este último venía del cómic, que también vivió años de esplendor, con una rompedora revista, Madriz ( esta sí, de financiación municipal ). Por un tiempo hubo abundantes cruces. El Hortelano montó grupo con Poch para una actuación en la Universidad de Verano de Santander; Ceesepe y García - Alix realizaron un corto para Pista Libre, de Televisión Española; Carlos Berlanga, Víctor Coyote y otros músicos encontraron hueco en Sen, Buades, Estampa, Vijande, Moriarty y demás galerías de arte.

La necesidad aviva el ingenio: los músicos superaron los años flacos (1981 y 1982) con la fundación de compañías independientes como DRO y Gasa, que se matrimoniaron y se transformaron en una de las grandes discográficas de los ochenta. En medios escritos, la Movida encontró acogida en los diarios del momento, aunque también generó revistas como La Luna de Madrid y Madrid Me Mata, sin olvidar los fanzines. Una red de complicidades garantizó su presencia en las ondas oficiales: Radio 3 y espacios de TVE - Caja de Ritmos, La edad de oro - fueron escaparates de inmensa repercusión.

Pausa: con semejante entramado, ¿como es posible que la Movida se eclipsase tan ignominiosamente en la segunda mitad de los ochenta?. Se podría afirmar que murio de éxito: el coge-el-dinero-y-corre se imposo como modelo ético. Las multinacionales impusieron su poderío y se llevaron las flores de la independencia: lo que eran músicas marginales fueron grandes lanzamientos. Los grupos cambiaban los clubes por grandes recintos, generalmente con dinero de las instituciones.

Tan fatales fueron tropiezos como el cierre de Rock Ola, en 1985: aunque detestado por la infame calidad de sus bebidas y otros pequeños detalles, servía como punto de encuentro; a partir de ese momento, las tribus se dispersaron. Desaparecieron sin despertar alarma revistas y programas de televisión. El sentimiento colectivo se desintegró en mil aventuras particulaes.

El triunfo del individualismo y el todo-vale dejó a la movida huérfana de paladines. Latía un difuso remordimiento, una urgencia por pasar página. Ese lavarse las manos permitió que la iniciativa pasara a los enemigos, que efectuaron una demonización efectiva. Bien entrados los años noventa, la movida resucitó como nostalgia boba, simplificada hasta la caricatura. Eso explica que se acepten ficciones televisivas sobre la movida con errores de bulto. O que Nacho Cano resuma aquéllos años - en el espectáculo Hoy no me puedo levantar - como una crónica de inocentes pervertidos por el dinero, las drogas y el sexo, con una discográfica como gran Mefistófeles. Cierto que el musical de Mecano tambien refleja el entusiasmo juvenil, la creatividad liberada de sus protagonistas, la voluntad lúdica de todos los implicados, la porosidad social de la capital. Como decía aquél, a Madrid no le iba a reconocer ni la madre que lo parió.


Por Diego A. Manrique


EP[S] - EL PAÍS SEMANAL Nº 1492. Domingo 1 de mayo de 2005