martes, 11 de diciembre de 2007

"Las canciones tristes no me ponen triste... me dan mucha euforia"

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 12/12/2007
Albert Pla susurra Sufre como yo, Chavela Vargas se desgarra con El último trago, Maysa Mataraso hace una versión estremecedora del Ne me quitte pas de Jacques Brel y el Dúo Dinámico lanza ese rítmico himno a la esperanza: Resistiré. Las canciones de las películas de Pedro Almodóvar claman venganza, ahogan los recuerdos en alcohol o proclaman que este amor será y es el único. Forman parte de la narración, de lo que pasa por las tripas y los corazones de sus personajes, que cantan con ellos para hacer suyos lamentos, deseos y nostalgias.
"La música en mis películas nunca es música de fondo, es parte activa, una entidad dramática tan importante como el diálogo", explica el cineasta, que ayer presentó en Madrid BSO Almodóvar (disco que reúne 29 temas de su cine) y anunció que en primavera rodará con Penélope Cruz, Blanca Portillo y Lluís Homar el guión que acaba de terminar: Los abrazos rotos.
Almodóvar está en su despacho de El Deseo y tiene en las manos el último Vogue americano. El número especial de Navidad dedica su portada y un larguísimo reportaje a la España de Penélope Cruz. Fotografías de Annie Leibovitz con la actriz vestida de alta costura en pleno campo segoviano. En una de ellas, Almodóvar sale de palmero mientras ella baila desmelenada: "Es una de esas ideas de Penélope, un homenaje a Ava Gardner en La condesa descalza". El flamenco, dice, siempre está ahí para él. En su disco, Bernarda y Fernanda de Utrera interpretan Se nos rompió el amor y Duquende y Manzanita El rosario de mi madre. "Este disco es parte de mi filmografía y de mi biografía, tiene que ver con mi cine y con mi vida. A mí las canciones tristes no me ponen triste... todo lo contrario. Lo mismo que con los dramas tórridos, me dan mucha energía, mucha euforia. La tristeza nunca es un sentimiento blando".
Almodóvar rememora su cine a través de estribillos. Suena Lo dudo, de Los Panchos, en La ley del deseo: "El personaje de Antonio Banderas sabe que ése será su último polvo con Eusebio Poncela. Ellos escuchan la canción en la cama y en la calle lo hace Carmen Maura. La canción les habla a los tres". En Matador, Mina interpreta Espérame en el cielo: "Escuché la versión de Mina mientras rodábamos y fue una revelación. Con la canción el final adquiría un nuevo significado".
"Yo siempre estoy escuchando música, mis amigos músicos me tienen al día y yo me compro todo lo que puedo, me leo las recomendaciones de todas las revistas, incluidas las no recomendables. Tengo pilas y pilas de discos, un 80% acaba en el almacén de la oficina, pasto de atrezo para las películas. Pero hay muchas cosas nuevas que me gustan". Como no puede escribir escuchando música, su sobrino le prepara para trabajar unos CD de "down tempo o buen tecno, de ese que no deja huellas en las neuronas. No se puede escuchar un bolero y escribir. Es demasiado figurativo".
"La música no se acaba nunca, me faltan películas para tantas canciones. Tengo muchos temas pensados para el futuro: uno de Cat Power, otro de Werewolf, una bossa de Luis Bonfá y alguno de esas cantantes y grupos herederos de la chanson, como Feist o Nouvelle Vague".
Es inevitable citar a una de sus musas: "A Chavela la descubrí cuando lo único que me preocupaba era el pop y mi vida era absolutamente popera. Yo estaba todo el día con los New York Dolls y la Velvet cuando aparecieron Nina Simone y Billie Holiday. La música de mi casa era genial: mezclaba Prince con Olga Guillot. Y Chavela con Nico".
Del cine musical sólo reconoce una fobia ("¡Siete novias para siete hermanos! Es que no puedo con ella") y decenas de filias. Recuerda su propio "experimento": Tráiler para amantes de lo prohibido, un musical que realizó para el programa La Edad de Oro de Paloma Chamorro. "Los actores dejaban de actuar y se ponían a cantar, duraba 20 minutos y fue muy divertido". De los cineastas que admira y que mejor utilizan la música apunta a un puñado, "aunque seguro que luego me acuerdo de muchos más": Clint Eastwood ("qué delicadeza, siempre tratando de no romper la imagen. Tiene un gusto exquisito"); Theo Angelopoulus ("mano a mano con Eleni Karaindrou"), Kieslowski ("¡Qué director de dramas!, el mejor de los últimos años"), Tarantino, David Lynch... "Y, por supuesto, las parejas que formaron Nino Rota-Fellini, Bernard Herrmann-Hitchcock y Mancini-Blake Edwards".
Sobre su relación con sus propios directores de música recuerda su ruptura con Bernardo Bonezzi: "En Mujeres al borde de un ataque de nervios se negó a poner Puro teatro y Soy infeliz. Y yo no cedí, durante tres años ni nos hablamos. Y en Átame, Ennio Morricone se negó en rotundo a que pusiera Resistiré". Desde La flor de mi secreto su cómplice musical es Alberto Iglesias: "Alberto no tiene ningún ego, está al servicio de la película. Si impongo una canción tengo su convicción y su aprobación. Sabe que no son decisiones caprichosas".
Y entre canciones, un intenso ruido acecha desde hace unos meses la vida de Almodóvar. Un misterio, dice, llamado Tinitus Acufeno: "Hay gente que ha llegado a suicidarse al no soportarlo. Yo me hice todo tipo de pruebas, por si era un tumor u otra cosa, pero nada. Es algo diabólico. Un pitido que sólo existe para mí. Así que desde que me levanto hasta que me acuesto tengo puesta música en casa. Música para todos los momentos. Y tengo una recomendación: para cualquier tarea doméstica hay que ponerse una banda sonora, la música narrativa da intensidad a lo que haces. Y la rutina más banal, pasar por el pasillo, se convierte en otra cosa".
EL PAÍS, Miércoles 12 de diciembre de 2007
Imagen: El País